lunes, 28 de enero de 2013

la velocidad de la mirada*




Tan rápido recorren mis ojos
la pradera
que incluso en invierno alcanzan
la primavera.


*[un poema chippewa, América del Norte], es una de las perlas que me voy encontrando en De la poesía, de T. S. Norio, una alegría en este invierno tan invierno (el autor indica que encontró este poema en Raíz de fresno infeliz. Una antología de poesía primitiva, editada por Martín López-Vega para la Diputación de Málaga en el año 2009)

sábado, 26 de enero de 2013

dos aforismos de franz marc

 



10
 
Las más grandes azañas siempre se producen inconscientemente, con pequeños pretextos. El ser humano no es lo suficientemente dios como para querer historia. Pero la hace.
 
82
 
Vi la imagen que se refracta en los ojos de la gallineta cuando se sumerge en el agua: los miles de anillos que engastan todos los detalles de la vida, el azul del cielo susurrante que bebe el mar, el extático emerger en otro lugar. Reconoced, amigos míos, lo que son los cuadros: un emerger en otro lugar.

viernes, 25 de enero de 2013

un poema de vicente aleixandre



Canción a una muchacha muerta

Dime, dime el secreto de tu corazón virgen,
dime el secreto de tu cuerpo bajo tierra,
quiero saber por qué ahora eres un agua,
esas orillas frescas donde unos pies desnudos
se bañan con espuma.

Dime por qué sobre tu pelo suelto,
sobre tu dulce hierba acariciada,
cae, resbala, acaricia, se va
un sol ardiente o reposado que te toca
como un viento que lleva sólo un pájaro o mano.

Dime por qué tu corazón como una selva diminuta
espera bajo tierra los imposibles pájaros,
esa canción total que por encima de los ojos
hacen los sueños cuando pasan sin ruido.

Oh tú, canción que a un cuerpo muerto o vivo,
que a un ser hermoso que bajo el suelo duerme,
cantas color de piedra, color de beso o labio,
cantas como si el nácar durmiera o respirara.

Esa cintura, ese débil volumen de un pecho triste,
ese rizo voluble que ignora el viento,
esos ojos por donde sólo boga el silencio,
esos dientes que son de marfil resguardado,
ese aire que no mueve unas hojas no verdes.

¡Oh tú, cielo riente que pasas como nube;
oh pájaro feliz que sobre un hombro ríes;
fuente que, chorro fresco, te enredas con la luna;
césped blando que pisan unos pies adorados!